Bosque de música, de Vicente Gerbasi | Poema

    Poema en español
    Bosque de música


    Mi ser fluye en tu música, 
    bosque dormido en el tiempo, 
    rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. 
    ¿cómo olvidar que soy oculta melodía 
    y tu adusta penumbra voz de los misterios? 
    He interrogado los aires que besan la sombra, 
    he oído en el silencio tristes fuentes perdidas, 
    y todo eleva mis sueños a músicas celestes. 
    Voy con las primaveras que te visitan de noche, 
    que dan vida a las flores en tus sombras azules 
    y me revelan el vago sufrir de tus secretos. 
    Tu sopor de luciérnagas es lenta astronomía 
    que gira en mi susurro de follaje en el viento 
    y alas da a los suspiros de las almas que escondes. 
    ¿Murió aquí el cazador, al pie de las orquídeas, 
    el cazador nostálgico por tu magia embriagado? 
    Oh, bosque: tú que sabes vivir de soledades 
    ¿adonde va en la noche el hondo suspirar? 



    • Aquí he llegado 
      para imponerme el conocimiento de la eternidad, 
      para ver rodar mi cabeza 
      tiempo abajo, 
      arena abajo, 
      alucinación abajo, 
      hacia el metálico redoble de los truenos 
      que confunden las montañas 
      en negros ámbitos azules. 



    • Mi ser fluye en tu música, 
      bosque dormido en el tiempo, 
      rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. 
      ¿cómo olvidar que soy oculta melodía 
      y tu adusta penumbra voz de los misterios? 
      He interrogado los aires que besan la sombra, 



    • Relámpago extasiado entre dos noches, 
      pez que nada entre nubes vespertinas, 
      palpitación del brillo, memoria aprisionada, 
      tembloroso nenúfar sobre la oscura nada, 
      sueño frente a la sombra: eso somos. 
      Por el agua estancada va taciturno el día, 



    • Quieren olvidar que Dios resplandece a través del arcoíris; 
      que la brisa, en las calles tumultuosas, 
      es un recuerdo de las flautas escondidas en los bosques. 
      Quieren olvidar que en mí los días se mueven en el canto de las aves. 



    • En la yerba tostada por el día, el sueño del caballo 
      nos rodea de flores, como el dibujo de un niño, 
      mientras la fruta cae del espeso follaje plateado, 
      que tiembla y brilla en las cigarras de una luz solitaria.