Hay muchas maneras de estar muerto, de Vicente Gerbasi | Poema

    Poema en español
    Hay muchas maneras de estar muerto


    No quiero explicarme por qué mis ojos 
    pueden ver este castillo cubierto de hiedras 
    de verde muy oscuro y solitario 
    bajo los astros de los búhos, 
    ni por qué mis ojos pueden detenerse 
    a ver caer la nieve durante tanto tiempo, 
    hasta que arropa todos los muertos 
    y los deja allí con sus vestiduras 
    de diferentes colores en el hielo. 
    Mi padre fue enterrado en el trópico, 
    en Canoabo, y sus ojos, por tanto, no se helaron, 
    pero sí, tal vez, tuvieron que ver con otras cosas 
    muy distintas al frío, 
    sin duda, con culebras que perforan la tierra 
    y silban a orilla de los muertos 
    como a la margen de un lago 
    de juncales remotos y relámpagos. 
    Hay diferentes maneras de estar muerto, 
    aun estando vivo en medio de los planetas, 
    con nuestra cara semejante a la tierra 
    fotografiada desde Géminis 13, 
    viendo nuestros propios ojos 
    rodeados de huesos, 
    un poco más arriba de los dientes; 
    ensimismados en los ojos de los pescados 
    que nos miran en las pescaderías iluminadas. 
    Hay muchas maneras de estar muerto 
    y siempre nos es dado tomar nuestro cráneo 
    y ponerlo a reposar al borde de la tumba 
    o llevarlo al gran salón de baile, 
    como tal vez lo hizo Hamlet, 
    mientras Ofelia s ponía un velo de luna nevada, 
    ay, de luna nevada entre los abedules. 



    • Aquí he llegado 
      para imponerme el conocimiento de la eternidad, 
      para ver rodar mi cabeza 
      tiempo abajo, 
      arena abajo, 
      alucinación abajo, 
      hacia el metálico redoble de los truenos 
      que confunden las montañas 
      en negros ámbitos azules. 



    • Mi ser fluye en tu música, 
      bosque dormido en el tiempo, 
      rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. 
      ¿cómo olvidar que soy oculta melodía 
      y tu adusta penumbra voz de los misterios? 
      He interrogado los aires que besan la sombra, 



    • Relámpago extasiado entre dos noches, 
      pez que nada entre nubes vespertinas, 
      palpitación del brillo, memoria aprisionada, 
      tembloroso nenúfar sobre la oscura nada, 
      sueño frente a la sombra: eso somos. 
      Por el agua estancada va taciturno el día, 



    • Quieren olvidar que Dios resplandece a través del arcoíris; 
      que la brisa, en las calles tumultuosas, 
      es un recuerdo de las flautas escondidas en los bosques. 
      Quieren olvidar que en mí los días se mueven en el canto de las aves. 



    • En la yerba tostada por el día, el sueño del caballo 
      nos rodea de flores, como el dibujo de un niño, 
      mientras la fruta cae del espeso follaje plateado, 
      que tiembla y brilla en las cigarras de una luz solitaria.