En el fondo forestal del día, de Vicente Gerbasi | Poema

    Poema en español
    En el fondo forestal del día

    El acto simple de la araña que teje una estrella 
    en la penumbra, 
    el paso elástico del gato hacia la mariposa, 
    la mano que resbala por la espalda tibia del caballo, 
    el olor sideral de la flor del café, 
    el sabor azul de la vainilla, 
    me detienen en el fondo del día. 

    Hay un resplandor cóncavo de helechos, 
    una resonancia de insectos, 
    una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos. 

    Reconozco aquí mi edad hecha de sonidos silvestres, 
    de lumbre de orquídea, 
    de cálido espacio forestal, 
    donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo. 
    Aquí el atardecer inventa una roja pedrería, 
    una constelación de luciérnagas, 
    una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos, 
    hacia el fondo del día, 
    donde se encantan mis huesos agrestes. 

    • Quieren olvidar que Dios resplandece a través del arcoíris; 
      que la brisa, en las calles tumultuosas, 
      es un recuerdo de las flautas escondidas en los bosques. 
      Quieren olvidar que en mí los días se mueven en el canto de las aves. 

    • Aquí he llegado 
      para imponerme el conocimiento de la eternidad, 
      para ver rodar mi cabeza 
      tiempo abajo, 
      arena abajo, 
      alucinación abajo, 
      hacia el metálico redoble de los truenos 
      que confunden las montañas 
      en negros ámbitos azules. 

    • Mi ser fluye en tu música, 
      bosque dormido en el tiempo, 
      rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. 
      ¿cómo olvidar que soy oculta melodía 
      y tu adusta penumbra voz de los misterios? 
      He interrogado los aires que besan la sombra, 

    • Relámpago extasiado entre dos noches, 
      pez que nada entre nubes vespertinas, 
      palpitación del brillo, memoria aprisionada, 
      tembloroso nenúfar sobre la oscura nada, 
      sueño frente a la sombra: eso somos. 
      Por el agua estancada va taciturno el día, 

    • En la yerba tostada por el día, el sueño del caballo 
      nos rodea de flores, como el dibujo de un niño, 
      mientras la fruta cae del espeso follaje plateado, 
      que tiembla y brilla en las cigarras de una luz solitaria.