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'El artista y el artesano', de Concepción Arenal | Poema

Título: El artista y el artesano
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El artista y el artesano

 

Murió, yo no sé en qué parte.
Un escultor afamado,
muy digno de ser contado
entre los genios del arte.
 
Vendió al punto el heredero
sus estatuas de más precio;
la más bella compró un necio
escultor muy chapucero.
 
Y sin que nada le arguya
sobre el caso la conciencia,
tiene la bella ocurrencia
de hacerla pasar por suya.
 
«Falta el ropaje y un pie;
pues bien, lo hago en un momento,
como propia la presento,
(dice) y fama ganaré.»
 
El robador, dicho y hecho,
(aprisa, que el tiempo apremia)
vístela, y en la Academia
la presenta satisfecho.
 
Ábrese la exposición,
pasan los indiferentes;
mas de los inteligentes
fija al punto la atención.
 
«Que es obra, dicen, se ve
de un artista de talento.
Fuera en verdad un portento
pero ese traje... ese pie...»
 
Y era así, que el personaje,
destello de un genio audaz,
raro y grotesco disfraz
tenía, en vez de ropaje.
 
Llegó el día señalado,
vase, en fin, el premio a dar,
mas su fallo al pronunciar,
duda el imparcial jurado.
 
«¡Bella estatua! ¡Obra maestra!
-dicen-; no tiene rival;
pero ese traje fatal
grande estupidez demuestra.»
 
De los jueces un señor
que sin duda nació juez
les dijo: «Por esta vez
llamemos aquí al autor.
 
Vuestra noble probidad
trate, como a ello se inclina,
no de seguir la rutina
sino de hallar la verdad.»
 
Tiene por justo el motivo
la artística reunión,
y de la estatua en cuestión
viene el padre putativo.
 
El juez que le hizo llamar,
después de observarle bien,
con mal oculto desdén
empiézale a interrogar.
 
«De esta estatua (hablad aquí
de la verdad el lenguaje),
¿hicisteis vos el ropaje?»
Y el hombre afirma que sí.
 
«Entonces, andad con Dios;
el que tal obra ha esculpido
y el autor de ese vestido
por fuerza deben ser dos.
 
De artesanos en el gremio
tal vez podréis conseguir
dinero con qué vivir,
mas no del artista el premio.»
 
Hombre vano que te empleas
en pescar acá y allá
al que viene y al que va
las más notables ideas.
 
Mira que es tiempo perdido,
su alcance el necio no siente
y apercíbese el prudente
que es solo tuyo el vestido.

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Imagen
    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas...

    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas
    mientras blandas murmuran
    sobre la arena, hasta mis pies rodando,
    tentadoras me besan y me buscan.
    Inquietas lamen de mi planta el borde,
    lánzanme airosas su nevada espuma,
    y pienso que me llaman, que me atraen
    hacia sus salas húmedas.
    ...

  • Imagen
    Alfonsina Storni

    Veinte siglos

    Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...

  • Imagen
    Alfonsina Storni

    Hombre pequeñito

    Alfonsina Storni

    Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
    Suelta a tu canario que quiere volar...
    Yo soy el canario, hombre pequeñito,
    déjame saltar.
    Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
    hombre pequeñito que jaula me das.
    Digo pequeñito porque no me entiendes,
    ni me entenderás.
    ...

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    Rosalía de Castro

    Hora tras hora, día tras día...

    Rosalía de Castro

    Hora tras hora, día tras día,
    entre el cielo y la tierra que quedan
    eternos vigías,
    como torrente que se despeña
    pasa la vida.
    Devolvedle a la flor su perfume
    después de marchita;
    de las ondas que besan la playa
    ...