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'El jugador grave', de Concepción Arenal | Poema

Título: El jugador grave
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El jugador grave

 
En amor y compañía,
con numerosos testigos,
dos hombres, no sé si amigos,
estaban jugando un día.
 
Y a ti, que vas a escuchar
el cuento, diré de paso,
por ser cosa que hace al caso,
que no era juego de azar.
 
Estaba el un campeón
silencioso, concentrado,
sin mirar a ningún lado
ni oír la conversación,
 
y contraída la frente
y su rostro echando fuego,
cual si tuviera deljuego
honor y vida pendiente.
 
El otro, que las jugadas
piensa muy pocos instantes,
charla con los circunstantes,
y da grandes carcajadas.
 
Y sin cuidado maldito,
ni callado está ni quedo;
si gana, le importa un bledo,
si pierde, se le da un pito.
 
Había en la concurrencia,
de diversa catadura,
un hombre de edad madura,
y un joven ain esperiencia.
 
Preguntóle el viejo: «¿Cuál
de aquellos dos jugadores
con circunstancias mejores
te parece, y más formal?»
 
«¡Bah! -dijo el mozo-, pues cabe
buena duda en mi opinión:
el uno un botaratón,
tan serio el otro, tan grave.»
 
«¡Qué solemne disparate
crees! -repuso el anciano-;
apostara yo una mano
en favor del botarate.
 
¡Por dios, que ha de tener seso!;
y ser un gran calabaza
con toda su grave traza
pensativo el otro y tieso.
 
El de actividad febril,
el de meditar capaz,
busca un rato de solaz
en la diversión pueril.
 
Mas la pueril diversión,
es objeto de gran precio
porque busca en ella el necio
no descanso, ocupación.
 
Mira el uno con desden
las victorias de tablero,
piensa el otro majadero
que mucho lustre le den.»
 
Mal sienta la gravedad
en negocio que no es grave.
A majaderia sabe
y trasciende a vanidad.
 
Al notar esta señal
quedo para mí dudando
si quien es formal jugando
jugará en casa formal.

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Imagen
    Alfonsina Storni

    Hombre pequeñito

    Alfonsina Storni

    Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
    Suelta a tu canario que quiere volar...
    Yo soy el canario, hombre pequeñito,
    déjame saltar.
    Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
    hombre pequeñito que jaula me das.
    Digo pequeñito porque no me entiendes,
    ni me entenderás.
    ...

  • Imagen
    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas...

    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas
    mientras blandas murmuran
    sobre la arena, hasta mis pies rodando,
    tentadoras me besan y me buscan.
    Inquietas lamen de mi planta el borde,
    lánzanme airosas su nevada espuma,
    y pienso que me llaman, que me atraen
    hacia sus salas húmedas.
    ...

  • Imagen
    Manuel Acuña

    A la patria

    Manuel Acuña

    Ante el recuerdo bendito
    de aquella noche sagrada
    en que la patria alherrojada
    rompió al fin su esclavitud;
    ante la dulce memoria
    de aquella hora y de aquel día,
    yo siento que en el alma mía
    canta algo como un laúd.
    ...

  • Imagen
    Alfonsina Storni

    Veinte siglos

    Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...