'Los náufragos', de Concepción Arenal | Poema

Título: Los náufragos
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Los náufragos

 

Una venturosa tropa
de activos aventureros,
después de allegar dineros,
daba la vuelta hacia Europa.
 
Uno con menos vehemencia
se afanó por juntar oro,
buscando ansioso el tesoro
que instrucción se llama y ciencia.
 
La extraña resolución
reprueban sus camaradas,
llamándole a carcajadas
por mote, D. Excepción.
 
Como en casos semejantes
sucederá al que así obre,
él volvió instruido y pobre,
ellos ricos e ignorantes.
 
dice un presencial testigo
que aquella hueste opulenta
en un buque por su cuenta
su haber embarcó consigo.
 
Y que a gran proximidad
del patrio y querido suelo,
de nubes se cubre el cielo
y ruge la tempestad.
 
Las olas embravecidas
lanzan la nave a una roca
y con fatiga no poca
los hombres salvan sus vidas.
 
De aquel peligro en presencia
dejan todo su tesoro,
los que eran ricos en oro;
nada el que era rico en ciencia.
 
Este encuéntrase al momento
medios de vivir honrosos
ellos por los vergonzosos
hallan apenas sustento.
 
En época depravada
por el culto del metal,
presentar ejemplo tal
se juzgará inocentada.
 
Pero en época ninguna
es razón cifrar el bien
en lo que el menor vaivén
arrastra de la fortuna.
 
Y el que de ello está en edad
formar procure en sí mismo
un tesoro que al abismo,
no lance la tempestad.

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...

  • Concepción Arenal

    Juan y Pedro, una disputa
    trabaron, estrepitosa,
    sobre si grande una cosa
    era, o si era diminuta.
    La mano en el corazón
    juraban decir verdad
    ambos con sinceridad,
    y uno sólo con razón.
    ...

  • Paul Verlaine

    Vuestra alma es un exquisito paisaje,
    Que encantan máscaras y bergamascos,
    Tocando el laúd y danzando y casi
    Tristes bajo sus fantásticos disfraces.
    Siempre cantando en el tono menor,
    El amor triunfal y la vida oportuna
    Parecen no creer en su felicidad
    Y sus canciones se unen al claro de la luna.
    ...

  • Edgar Allan Poe

    Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
    mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
    inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
    cabeceando, casi dormido,
    oyóse de súbito un leve golpe,
    como si suavemente tocaran,
    tocaran a la puerta de mi cuarto.
    “Es -dije musitando- un visitante
    ...