'El oso y el reló', de Concepción Arenal | Poema 🎧📚

Título: El oso y el reló
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El oso y el reló

 
Solía un piamontés
dar lecciones a un gran oso,
que por torpe o perezoso
danzaba mal en dos pies.
 
Aunque fácil la lección,
harto poco adelantaba,
y el hombre ya se cansaba
de tanta repetición.
 
Díjole: «Voy a salir,
tú entre tanto bailarás,
y si no adelantas más
a palos te habré de hundir.»
 
Compasión el oso implora
pero el maestro implacable
da por plazo improrrogable
para aprender una hora.
 
Sujeta bien la cadena,
renuévale la promesa,
va después junto a una mesa,
da vuelta a un reló de arena
 
diciendo: «Aquí está, ¿le ves?
No te dejo hueso sano
si al caer el postrer grano,
lo haces mal; hasta después.»
 
Y apenas hubo salido
recapacitando el oso
concibió un plan ingenioso
y ejecutólo atrevido:
 
«La arena, según reparo,
llévase el tiempo al caer;
si la logro detener
no corre el tiempo, esto es claro.
 
¡Gran idea!, de este modo
ahora descanso un poquito,
luego la danza ejercito;
así hay tiempo para todo.»
 
Puso el deseo por obra
diestro inclinando el reló,
y a descansar se acostó
sin inquietud ni zozobra.
 
Durmióse, era natural,
hasta que, oyendo la puerta,
asustado se despierta
y tiembla el pobre animal.
 
Viendo a su maestro entrar,
mientras la ropa mudaba,
puso el reló como estaba
y él, como siempre, a bailar.
 
«¡Pues adelantas bastante!
-díjole fuera de sí
el amo-; ¿qué has hecho, di,
mientra falté yo, tunante?»
 
«Pero, señor, no es la hora...»
«El reló de posición
cambiaste; ¡mira el bribón
con lo que nos sale ahora!
 
¿A tu inteligencia escasa
parecióle idea buena
decir que cuando la arena
no cae, el tiempo no pasa?»
 
Y enarbolando el bastón
con increíble presteza,
diole, de pies a cabeza,
el premio de su invención.
 
De este animal la ignorancia
sin quererlo nos recuerda,
no más ingeniosa y cuerda,
común una extravagancia.
 
Entiéndese vulgarmente
por el quitarse los años
cuando del tiempo los daños
tales restas no consiente.
 
¿Habrá mayor idiotismo,
ni habrá pretensión más rara
que, no cambiando la cara,
negar la fe de bautismo?
 
No agreguéis a la vejez,
viejos de incógnita fecha,
un mal de vuestra cosecha
cual es la ridiculez.
 
De vuestra fama en perjuicio
no diga la razón dura
que perdéis en hermosura
sin haber ganado en juicio.
 
De ese trabajo penoso
dejad la dura faena,
y dejad caer la arena
o dirán que hacéis el oso.

 

El temple

«¿Decidme por qué razón
uno al hierro, otro al acero,
comparaba D. Antero
a Nemesio y a León?»
«Porque con los dos metales
gran semejanza se advierte:
uno débil, otro fuerte,
vinieron al mundo iguales.
...

El sobrio y el glotón

Había en un lugarón
dos hombres de mucha edad,
uno de gran sobriedad
y el otro gran comilón.
La mejor salud del mundo
gozaba siempre el primero,
estando de Enero a Enero
débil y enteco el segundo.
...

El pajarero

En cierto lugar habia
un ricacho solterón
con la más rara afición,
o si se quiere mania.
Y era pájaros juntar,
con maña domesticarlos,
y aun [a] algunos enseñarlos
palabras a pronunciar.
...

El mastín y el gallo

Sabido es de cada cual
que aún mucho más que el caballo,
entre los vanos, el gallo
es vanidoso animal.
Había en cierto lugar
uno que el cuello inclinaba
cuando la puerta pasaba
por temor de tropezar;
...

José Asunción Silva

Nocturno III

Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
...

Manuel Flores

Un beso nada más

Bésame con el beso de tu boca,
cariñosa mitad del alma mía,
un sólo beso el corazón invoca,
que la dicha de dos me mataría.
¡Un beso nada mas!...Ya su perfume
en mi alma derramándose, la embriaga;
y mi alma por tu beso se consume
y por mis labios impaciente vaga.
...

Rosalía de Castro

Del antiguo camino a lo largo...

Del antiguo camino a lo largo,
ya un pinar, ya una fuente aparece,
que brotando en la peña musgosa
con estrépito al valle desciende,
y brillando del sol a los rayos
entre un mar de verdura se pierde,
dividiéndose en limpios arroyos
que dan vida a las flores silvestres
...

Concepción Arenal

El murciélago y el ruiseñor

«¡Oh! Enojosa luz del día!
¡Del sol horrible presencia!
¡Y cuán dulce la existencia
sin vosotros gozaría!
¡Entonces con libertad
saliera yo a cualquier hora
sin huir como hago ahora
la enemiga claridad!
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