
Muchos libros, muchas voces y un poco más.
El grado más alto de la tristeza tanto puede ser
un general ciego mendigando a través de las islas
como hacia las 3 de la mañana la avenida
de la Ópera
No hay límites para la melancolía humana
Se cuenta siempre con una piedra para colocar sobre la pirámide
Manos blancas, satinadas,
con leve azul en las venas,
manos color de azucenas
por el alba sonrosadas;
manos que fuisteis besadas
allá en mis horas de penas,
sed conmigo otra vez buenas,
cuando sufro delirante:
acariciadme un instante,
¿Aprendieron el ABC del amor compartido?
¿Forjaron cigarros de marihuana
con su maestro de hermenéutica?
¿Qué dices, amor, de la embriaguez?
Háblenme si quieren,
mientras sus medias forman
viboritas en el piso
Los alfabetos existen
la lluvia de los alfabetos
la lluvia que se cuela
la gracia, la luz
interespacios y formas
de las estrellas, de las piedras
el curso de los ríos
y las emociones del espíritu