
Muchos libros, muchas voces y un poco más.
¡Estériles! ¿Para qué lloras?
Si nunca podrás tener nada.
Si a demoras siguen demoras,
y la explicación huye alada,
y amargan tu lengua las moras aún en agraz.
¿Y pides un poco de paz?
Ira, suma, lira, ¿será rimar?
I
Despiértame de este sueño de la muerte,
príncipe de mis días,
acércate,
encuéntrame tendida en este sueño de la muerte.
Tan bella como pueda serlo
aquella que ha cruzado huyendo un bosque
y se ha rendido,