
Muchos libros, muchas voces y un poco más.
Se alejaban desvalidas bandadas de pájaros
dejando en el cielo dudas y temblores.
El aire vestía de esencias la tarde,
y el corazón buscaba el sur de las palabras,
la dulce marea cristalina de la infancia,
los ecos, los sauces, las lunas redondas,
Casi sin darme cuenta, estoy empezando a rechazar moralmente a aquellos que consideran que el reloj marca las dos. En realidad, nunca son las dos. Los rechazo como seres inconscientes, aduladores de la banalidad y cíclicamente hipócritas, a conveniencia periódica.
Dulce, blandamente
la túnica abrió;
y como se llevan
al ara de un dios
vívidas palomas
de terso plumón,
con su mano leve
los senos me dió.
Llueve a cántaros.
La piel es como un cristal.
Vida en cascada.
Paisaje y compañía
dispersos en la memoria.
El rastro de las caricias sobre
el vaho de lo inconfesable.