
Muchos libros, muchas voces y un poco más.
Los años nos van llenando
de canciones acabadas,
de sonrisas amarillas,
de mariposas amargas.
Pero hay milagros de arcilla
que de las sombras escapan
como si de los silencios
pudieran nacer campanas.
El barro de las figuras
Ah, ese látigo, ese látigo que gime entre los muslos,
que despliega en la sombra su tenaz poderío,
ese látigo que viene de la muerte hacia la muerte,
aventando cenizas a los aires más puros,
señalando fronteras en cinturas y pechos,
Ni una palabra quedará, siquiera,
amor que eras mi amor, que eras mi vida.
Ya no te digo adiós, ni hay despedida
ni volveré a llorar por lo que fuera.
No es fácil escribir
el nombre de antes.
Es como volver a un traje antiguo,
unas flores, un libro,
un espejo, amarillos por los años.
Con aquel otro nombre
era como tener entre las manos
toda la luz del aire.
Ahora vuelvo
Hay en Madrid un simón
Que se alquila... no sé dónde,
Y tiene más aventuras
Que Gil Blas o don Quijote.
Su figura es de caldera,
Verde y negro sus colores,
No tiene muelles de Ce,
Ni persianas ni faroles;
Ni menos en sus costados
Qué fácil sería para esta mosca,
con cinco centímetros de vuelo
razonable, hallar la salida.