
Muchos libros, muchas voces y un poco más.
... Ven mi Juan, y toma asiento
En la mejor de tus sillas;
Siéntate aquí, en mis rodillas,
Y presta atención a un cuento.
Así estás bien, eso es,
Muy cómodo, muy ufano,
Pero ten quieta esa mano;
Vamos, sosiega esos pies.
Ya sabemos lo que cuesta
vencer la resistencia tenaz
de dos piernas unidas el sabor
de algún aliento amargó el aire
de madrugada en nuestras fauces
y el cuerpo resultó torpe al despertar
o se quejó triste por un frío olvidado
¿Qué voz nueva, inesperada,
dirá lo que aún no me dije,
y está en mí, sin mí, diciendo
lo que, al callarse, desdice?
¿Por qué inmolarse en palabra
muda, y émula de altura,
que cuando enmudece niega
lo antedicho sólo al cielo?