Alfonsina Storni

Poemas de Alfonsina Storni



  • Veinte siglos

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...




  • Romance de venganza

    Cazador alto y tan bello
    como en la tierra no hay dos,
    se fue de caza una tarde
    por los montes del Señor.
    Seguro llevaba el paso,
    listo el plomo, el corazón
    repicando, la cabeza
    erguida y dulce la voz.
    ...




  • Hombre pequeñito

    Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
    Suelta a tu canario que quiere volar...
    Yo soy el canario, hombre pequeñito,
    déjame saltar.
    Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
    hombre pequeñito que jaula me das.
    Digo pequeñito porque no me entiendes,
    ni me entenderás.
    ...




  • Tú que nunca serás

    Sábado fue, y capricho el beso dado,
    capricho de varón, audaz y fino,
    mas fue dulce el capricho masculino
    a este mi corazón, lobezno alado.
    No es que crea, no creo, si inclinado
    sobre mis manos te sentí divino,
    y me embriagué. Comprendo que este vino
    no es para mí, mas juega y rueda el dado.
    ...




  • Ultrateléfono

    ¿Con Horacio? — Ya sé que en la vejiga
    tienes ahora un nido de palomas
    y tu motocicleta de cristales
    vuela sin hacer ruido por el cielo.
    —¿Papá? — He soñado que tu damajuana
    está crecida como el Tupungato;
    aún contiene tu cólera y mis versos.
    Echa una gota. Gracias. Ya estoy buena.
    ...




  • La palabra

    Naturaleza: gracias por este don supremo
    del verso, que me diste:
    yo soy la mujer triste
    a quien Caronte ya mostró su remo.
    ¿Qué fuera de mi vida sin la dulce palabra?
    como el óxido labra
    sus arabescos ocres,
    yo me grabé en los hombres, sublimes o mediocres.
    ...




  • Olvido

    Lidia Rosa: hoy es martes y hace frío. En tu casa,
    de piedra gris, tú duermes tu sueño en un costado
    de la ciudad. ¿Aún guardas tu pecho enamorado,
    ya que de amor moriste? Te diré lo que pasa:
    el hombre que adorabas, de grises ojos crueles,
    en la tarde de otoño fuma su cigarrillo.
    Detrás de los cristales mira el cielo amarillo
    y la calle en que vuelan desteñidos papeles.
    ...




  • Regreso a la cordura

    Tú me habías roto el sol: de los dentados
    engranajes de las constelaciones
    colgaba en trozos a tocar el árbol,
    casa de luz jugando a arder la tierra.
    Alzaste el mar estriado de corales
    y en una canastilla de heliotropos
    aquí en mi falda lo dejaste al dulce
    balanceo acunante de mi pecho.
    ...