
Muchos libros, muchas voces y un poco más.
Como una gran niebla ardida
desde todas las distancias emergiendo
o lo mismo que el horizonte...
Son
las nubes
de almidón.
¡Estoy de besos henchido
como una vela blanca!
Alza mi alma un sonoro
cáliz de ritmo de plata
en la misa del sol y del verso
bajo los cúmulos de algodón.
Tengo miedo de ti, o de mí. Cabalgo,
cabalgas tú mi piel por los umbrales
sombríos del amor. Y nunca sales
a mi luz, a tu luz. Y nunca salgo.
Canta Lok en la oscura región desolada,
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.
El Pastor apacienta su enorme rebaño de hielo,
que obedece, -gigantes que tiemblan-, la voz del Pastor.
Canta Lok a los vientos helados que pasan,
Sobre este muro frío me han dejado
con la sombra ceñida a la garganta
donde oprime sus brotes de tormenta
un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.
Yo aquí mientras el sueño los despoja
y en sueños comen su mentida baya
Lo malo no es lo que uno sufre,
sino lo que uno hace sufrir.
Ángeles con espadas
custodian el aire.
Un toro de sombra
mugiendo en los árboles.
-Madre, tengo miedo
del aire.
Mira las estrellas.
Aún no son de nadie;
ni son del Obispo
ni son del Alcalde.