
Muchos libros, muchas voces y un poco más.
Sin un céntimo, tal como vino al mundo,
murió al fin, en la plaza, frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos musas, las esperanza y la miseria.
Hay ventanas que pueden habitarse
como se habita una ciudad, durante años.
Hay escenas que encienden una vida
y vidas
que encienden una muerte mientras duran.
Si el hombre tuviera tiempo de sobras
es posible que hiciera grandes cosas.
Pero tras su espesa piel el tiempo alienta
una sutil maraña de trampas y estrategias;
tras su espesa piel o en su disperso puzzle
ocasionalmente brinda adoquín de besos
Estoy tan confundido
que en el aire empañado veo un espejo,
que la luz se me rompe en las pupilas
cuando los ciegos cantan en el metro.
Que salgo al cielo tenso de la calle
y te escucho decir: Vamos, Severo,
escribe lo que ves. Y tu voz llega
Mis ojos han visto
el cuarto cerrado;
cual inmóviles labios su puerta...
está silenciado!...
Su oblonga ventana, como un ojo abierto,
vidrioso me mira;
como un ojo triste,
con mirada que nunca retira
como un ojo muerto.
Tu represión de niña emancipada
te hace empuñar
con asco amortiguado la boquilla
del rubio que apresuras
en consumir para quemar el tiempo
de la espera
-la pantera se aburre en el acecho
a cuestas con su espléndido pelaje-
Hay en Madrid un simón
Que se alquila... no sé dónde,
Y tiene más aventuras
Que Gil Blas o don Quijote.
Su figura es de caldera,
Verde y negro sus colores,
No tiene muelles de Ce,
Ni persianas ni faroles;
Ni menos en sus costados